A más de un año…
Después de mucho vuelvo a escribir para dedicar esta primera colaboración, de esta nueva temporada, a la señora Carolina Estela Peñaloza García, mi madre, quién trascendió de este plano terrenal el 18 de diciembre de 2024, no había tenido la fuerza para hacerlo y aclaro, a pocas, muy pocas personas en esas circunstancias he dedicado un escrito, pero mi mamá ocupa un lugar especial en mi corazón.
Mi Kalimana, por el parecido de carácter que tenía con mi abuelo Manuel, el Kaliman original, nació un 27 de mayo de 1953, día de Santa Carolina como siempre presumió. Ese año el Banco de México emitió una moneda de 20 centavos, por lo que mi abuelo cariñosamente le llamó “la centavo”, ya entrado en la adolescencia recuerdo que tíos mayores así le seguían llamando.
En sus últimos momentos de consciencia, la vida me dio la oportunidad de agradecerle por haberme dado lo más valioso que poseo, que es mi vida y que lo hizo aun poniendo en riesgo la suya, que me cuidó tan bien que aquí estoy escribiendo estas líneas, que siempre busco formarme como hombre de bien, que gracias a sus correctivos, muchas veces severos, creo que lo logró; siempre voy a presumir que gracias a ella fui el primero de mi clan que egrese con una carrera profesional en mi amada UAEM, vaya mi reconocimiento para mi padre, ya que gracias a sus manos rudas de obrero nunca faltó el sustento en casa.
Hace poco platicaba con un gran amigo que mi mamá no era de las que dicen “le voy a dar la queja a tu padre ahora que llegue”; ya que ella apresaba, juzgaba, sentenciaba y ejecutaba de manera fenomenal, cuando papá llegaba exhausto después de esas largas jornadas de trabajo, todo estaba en orden, ni el polvo se veía.
La mujer más valiente que he conocido, nunca la vi doblarse, teniendo a 3 pequeños que eran Jesús, José Manuel y Rosario casi de la misma edad, hubo otra hermana que nació después, nunca dejo de procurarnos, la mejor médica, nutrióloga, psicóloga, pedagoga, administradora, jueza, correctora y formadora; profesiones que magistralmente ejercía a la vez, y digo magistralmente porque ella solo tuvo la oportunidad de estudiar hasta la secundaria.
Pocas veces la escuche decir palabras amorosas o ser melosa, muchas veces me pregunté el porqué de ser así, tarde muchos años para entender que ella tuvo una infancia muy difícil, marcada por grandes carencias y de padres severos, pero que a lo largo de su vida tuvo grandes actos de amor, demasiado desprendida y sumamente ocurrente, hoy en día me arranca carcajadas al recordar cada uno de sus dichos, muy independientes a los de mi abuelo, muy parecidos en su estilo, pero cada uno a su forma.
Siempre dijo que de ella heredé mi inteligencia, así lo creo, ya que por ello empecé a aprender a leer a los 4 años de edad y un año después ingrese a mi educación primaria, aunque como siempre me encontraba leyendo, me decía que tanta lectura me iba a dejar no tan cuerdo, pero a pesar de ello buscaba la forma de comprarme los libros que le solicitaba; guardo con mucho amor dos ediciones especiales, la primera fue “La Divina Comedia de Dante Alighieri” y la otra fue los facsímiles que publicó la UNAM de la colección de José Vasconcelos, ambos regalos de navidad, solo de diferentes años, son mi tesoro invaluable.
Parte de mi gusto musical se lo debo a ella que era una excelente melómana, Agustín Lara, Los Churumbeles de España, Javier Solís, María Dolores Pradera, José José, Tania Libertad, Manoella Torres, por ejemplo; años más tarde con mi ingreso a la prepa desarrolle mi gusto por el rock, ella me compró mis primeros cassettes de ese género, permitió que me dejara crecer mi melena y me compro algunas prendas del momento. Por supuesto nunca he dudado lo que siempre dijo, que Neil Diamond se inspiró en ella para componer Sweet Caroline.
A los pocos días de su fallecimiento alguien comentó que siempre discutimos, le dije, efectivamente siempre lo hacíamos, ambos defendemos nuestros puntos de vista, eso era por que soy el hijo que más me le parecía y como decía mi abuela Luisa: “dos agujas no se pican”.
Reconozco que esta es la columna que más me ha costado escribir, no puedo evitar las lágrimas, pero que también ha sido muy satisfactorio el momento, tal vez en algún momento empiece a escribir el libro de tu vida, que siempre decías pero que nunca te atreviste a hacerlo, el cual tendrá que titularse “Biografía no autorizada de la Kalimana”.
Carolina, mi Kalimana, te lo dije, como madre cumpliste a cabalidad, discúlpame por haberte fallado como hijo, llevo con mucho orgullo tu apellido y siempre guardaré en mi corazón las vivencias de los últimos meses que convivimos, fuiste una gran mujer, reitero, con mucho valor, no te arrepentiste y a cada uno de nosotros nos dijiste en persona lo que tu corazón guardaba en esos últimos momentos, bien lo decía el abuelo Manuel: “como los gallos finos, te moriste en la raya”.
El día de tu partida un amigo me dijo que la pérdida de una madre duele sin importar la edad que uno tenga, nada más cierto. Si es que el cielo existe, sin duda ahí debes de estar junto al abuelo Manuel y a la abuela Luisa.
Gracias mamá, lo que viví es lo mejor que me pudo haber sucedido, permíteme seguir avanzando en la vida, ¡Te amo!
LOS LAZOS DEL AMOR Y LA AMISTAD
Nosotros somos hijos del amor supremo, pero la providencia misma nos hace semejantes a ese fuego inspirador del verso y a la conjugación rítmica de los níveos deseos, que es lo que forma y conforma la nueva alianza. El Creador es el autor nuestro, pero nosotros somos sus criaturas. Con la venida de su Hijo, que también se hace carne humana, Dios nos hace renuevos, elevándonos a su gloria, a pesar de nuestros pesares y de nuestra fragilidad.
Nada nos puede separar de este vínculo místico, que además une y reúne la lírica perfecta, gracias al soplo vivificante del espíritu. Bajo esta perspectiva, la primera actitud que hemos de cultivar es el silencio para la escucha, la constancia y la paciencia para enmendarnos y, que así, pueda penetrar la luz en nuestras mentes y corazones.
De ahí la necesidad de practicar menos culto al cuerpo y más interiorización de uno mismo, mediante un persistente y continuo espíritu orante, que nos aleje de esta mundanidad que nos ahoga con la posesión y el deseo de dominar, hasta dejarnos hundidos en la maldad, alejándonos de nuestra propia métrica paradisíaca.
La cercanía del pulso no puede distanciarse de la tonada que nos reconstituye comunitariamente. Necesitamos como el comer, volver a nosotros mismos, regresar al oleaje meditativo y a la reflexión, con el apego cristalino del ser y del estar. Ojalá aprendamos a reprendernos, a contemplarnos entre sí y a compartir latidos. Amistades que son verdaderas nadie las puede desconcertar, su concierto es una entrega generosa de ternura.
Ojalá asimilemos el diálogo del amor y la amistad y nos despojemos de otros intereses mundanos. Hoy más que nunca necesitamos un mundo repoblado de esa energía piadosa, que nos injerte de una vibración de alta frecuencia, que es donde habita el gozo y la felicidad. De lo contrario, dejaremos de existir, porque no podremos ni asistirnos a nosotros mismos.
Naturalmente, sin una vida armónica nada tiene sentido; y esto se alcanza, liberándonos de lo material, que es lo que nos oscurece el olmo del alma, impidiéndonos reencontrarnos con el ancestral ritmo para el que hemos sido creados en comunión y en comunidad de timbres. No olvidemos que, la amistad como el amor, es la sal de la vida, un consuelo para no ser un desierto.
Con razón, yo siempre me digo a mi mismo, mi patria son los amigos y los etéreos reinos se ubican en el corazón de la bondad y verdad, que es lo que nos enternece y eterniza. Pues eso, hagamos de nuestro ser un ser que saber estar, latiendo dentro del ser querido, para saber amar y donarse. Riamos juntos, entonces, ¡amigos!