+ La crisis de Morena en Tecámac, tiene nombre y apellido: Higinio Martínez Miranda y Mariela Gutiérrez Escalante.
La Comisión Nacional de Honor y Justicia del Movimiento de Regeneración Nacional debe intervenir de manera precisa e inmediata para evitar que la senadora Mariela Gutiérrez Escalante provoque una tragedia política en el Estado de México.
El fin de semana anterior, la senadora se coló a la ceremonia donde la presidenta municipal de Tecámac, Rosi Wong Romero, rendiría su Primer Informe de labores al frente de la administración municipal, donde la gobernadora Delfina Gómez Álvarez era la invitada especial número uno, y, por lo tanto, habría que cuidar las formas por respeto a la investidura de la titular del Poder Ejecutivo del Estado de México.
Pero no fue así, la senadora Mariela Gutiérrez Escalante se apersonó en la ceremonia y acompañada de un grupo de golpeadores de abrió paso en medio de las vallas de seguridad y de los policías municipales que cuidaban el orden en el evento, para llegar ante la alcaldesa de Tecámac, Rosi Wong Romero, y la gobernadora del Estado de México, para, a gritos, hacer fuertes acusaciones contra la alcaldesa, a la que calificó de corrupta y de abrir la puerta a “prianistas” en su administración.
Evidentemente la única que guardo la compostura en esa lamentable escena fue la gobernadora mexiquense, mientras que presidenta municipal de Tecámac, le respondía a la senadora Mariela Gutiérrez Escalante que la corrupta era ella, y que pretendía apoderarse del gobierno de ese municipio para seguirse enriqueciendo de la hacienda pública… ¡Zaz!
Este tipo de expresiones, a pesar de que cada vez son más frecuentes en Morena, deben encender las alertas de la vida política, pues ni siquiera viven tiempos electorales en el Estado de México y desde ahorita ya se registran enfrentamientos que echan al piso cualquier intento de retomar el control político de la Cuarta Transformación.
Lo primero que se tiene que asegurar es el respeto a la gobernadora del Estado de México, directamente proporcional al que ella ha demostrado hacia toda la clase política mexiquense, sin importar a que partido o color pertenezcan, y, junto con el respeto, también habría que revisar las normas mínimas de apego a la legalidad en la función pública, y que no se le olvide a la señora Mariela Gutiérrez Escalante que su actuación representa a miles de mexicanos que la favorecieron con su voto en las pasadas elecciones, todo gracias al efecto de morena, militancia que por sus acciones propias de un profundo desequilibrio, cada día deja peor.
Para rematar…
Hay mucho de fondo en la fuga de un reo del penal de Tenancingo. Primero, el entorno municipal, con un desgobierno de la presidenta municipal, y ex diputada local Nancy Nápoles Pacheco, quien, me aseguran personas que viven en esa localidad, invierte más su tiempo en la fiesta que en gobernar a la localidad y evidentemente cualquier cosa le preocupa más que brindar seguridad en torno a los penales de esa localidad, como es su obligación.
En segundo término, en el entorno estatal, para nadie es un secreto que el sistema penitenciario mexiquense está putrefacto, que la corrupción la tiene más que invadido, que todo se puede en una penitenciaría si se tiene el dinero suficiente para adquirirlo. Entonces, a nadie debe extrañar que cualquier persona privada de la libertad recupere la misma mediante cualquier treta en la que esté implicado el poder y el dinero.
Pero para que existe corrupción, es como en el tango, se necesitan dos para que el baile sea exitoso; luego entonces, la autoridad mexiquense está obligada a aclarar cómo se fugó el reo de la cárcel de Tenancingo, y quién le abrió la puerta, y no estamos hablando de un custodio que seguramente a cualquiera se le ocurrirá la “gran idea” de ponerlo como chivo expiatorio para explicar el hecho, porque detrás de ese humilde custodio que cobra poco más del salario mínimo, hay alguien con cierto grado de autoridad que ese es el verdadero responsable de ese tipo de cosas que suceden en el sistema penitenciario mexiquense, y sobre ese es sobre el que el gobierno de la transformación está obligado a actuar si en verdad pretende que algún día nos creamos esa media verdad de que la corrupción en este país se acabó en el año 2018, cuando “ya saben quién” llegó al poder.